ANTECEDENTES
El aprendizaje de las matemáticas supone, junto a la lectura
y la escritura, uno de los aprendizajes fundamentales de la educación
elemental, dado el carácter instrumental de estos contenidos. De ahí que
entender las dificultades en el aprendizaje de las matemáticas se haya
convertido en una preocupación manifiesta de buena parte de los profesionales
dedicados al mundo de la educación, especialmente si consideramos el alto
porcentaje de fracaso que presentan en estos contenidos los alumnos y alumnas
que terminan la escolaridad obligatoria. A esto hay que añadir que la sociedad
actual, cada vez más desarrollada tecnológicamente, demanda con insistencia
niveles altos de competencia en el área de matemáticas. (Orrantia,
2006).
Como
dicen también Davis y Hersh (1986)---y todos sabemos-- las matemáticas
constituyen actualmente el básico de todos los sistemas
educativos. Son muy pocos los que, en el período de escolaridad obligatoria,
llegan al dominio de formas de pensamiento matemático que permitan ni siquiera
intuir vagamente las satisfacciones que puede proporcionar la experiencia
matemática. Para muchos estudiantes, la experiencia de las matemáticas
escolares no es fuente de satisfacciones, sino de frustraciones y sentimientos
autodepreciativos. Muchas personas desarrollan en su vida escolar, actitudes
negativas hacia las matemáticas y ven condicionadas sus elecciones escolares y
profesionales por sus dificultades para dominarlas (Cockcroft, 1985). (Font, 1994) .
Las dificultades pueden aparecer en contenidos como la
geometría, la probabilidad, la medida, el álgebra o la aritmética. Pero muchos
estamos de acuerdo en que es en la aritmética donde los alumnos encuentran más
dificultades, puesto que estos son los contenidos a los que se enfrentan en
primer lugar, además de que posiblemente sean la base sobre la que se asientan
los demás contenidos. (Orrantia, 2006)
Numerosas
investigaciones confirman el elevado índice de estudiantes que fracasan en
matemáticas (Badano y Dodera, 1999; Bolea, Bosch, Gascón y 2001; Corica, 2007; Gascón,
Bosch, Bolea y 2001; Miguez, 2004; Otero, Fanaro y Elichiribehety, 2001), expresado
tanto en el conocimiento, las competencias y habilidades que efectivamente adquieren
los alumnos, como en su valoración acerca de esta disciplina. (Flores, González
y Rodríguez, 2013).
La
historia afirma que a principios de la década de los 60, existían en los
sistemas educativos de las sociedades de nuestro mundo, dos modalidades en la escolarización
básica: la enseñanza normal y la enseñanza especial.
En
esta primera se escolarizaba al alumnado que no presentaba discapacidad física y
sensorial, cognitiva o emocional y en la segunda se colocaba a aquellos alumnos
que necesitaban servicios especiales para desarrollar unas programaciones
curriculares de nivel inferior a los de la enseñanza normal.
Pero
lo que no se contemplaba dentro de la modalidad de la enseñanza normal es que
el alumno estuviera escolarizado en la educación ordinaria y presentara
cualquier tipo de fracaso en el aprendizaje. Esto se presentó como el mayor
reto ante el objetivo de dotar a la ciudadanía de unos niveles básicos y
obligatorios de formación y educación. La preocupación anterior, surgida
fundamentalmente del profesorado que veía que necesitaba más formación y
mejores medios didácticos, se fue generalizando rápidamente a las familias de
esos alumnos que encontraban dificultades en su aprendizaje. En Abril de 1963
en la ciudad de Chicago, en una jornada sobre Educación Samuel Kirl define la
nueva categoría de “Dificultades de Aprendizaje”, conocida como DA” (Definido
como “Un retraso, trastorno o desarrollo retrasado en uno o más procesos del
habla, lenguaje, escritura, aritmética, etc.). A partir de ese momento el
estudio de trastornos de aprendizaje, se ve potenciado y desarrollado
especialmente en el entorno norteamericano.
Años
más tarde fue acuñado el término que serviría para referirse a aquellas
dificultades del aprendizaje de las matemáticas (DAM): Discalculia, que etimológicamente
significa un trastorno en la habilidad para calcular y que aún sigue vigente en
nuestros días.
Algunos
autores señalan que en las DAM son responsables tanto factores cognitivos y afectivos
y motivacionales. Aunque el estudio de los procesos cognitivos de las matemáticas
se ha convertido en los últimos veinte años en una de las áreas más
desarrolladas de la psicología de la instrucción (Hijon,
2008); dejando en tela de juicio la teoría sobre las DAM.
Finalmente otros autores señalan que la dificultad del aprendizaje de las matemáticas
reside en la falta de motivación para llevar un correcto aprendizaje (Font, 1994) , misma motivación que
deben mostrar los docentes a sus alumnos y los cuales deben de tener las
competencias necesarias sobre el tema o área de las matemáticas que estén brindando
a sus alumnos para que estos se apropien de esas mismas competencias (CACyPMx,
2015) .
En otra vertiente la interpretación de las dificultades de aprendizaje en matemáticas se efectúa en el contexto de diferentes corrientes teóricas. Las ciencias cognitivas han sido y son una referencia recurrente en lo que respecta al análisis de las dificultades de aprendizaje, sobre todo, en el dominio de las matemáticas. Sin embargo, un análisis detallado muestra que las investigaciones realizadas por una gran parte de las corrientes cognitivistas se limitan al análisis de ciertos saberes, principalmente a los números naturales y sus operaciones, y se pretende posteriormente generalizar a la totalidad de las matemáticas algunas conclusiones referidas a estos objetos de aprendizaje. (Barrallobres, 2016) .
BASES TEÓRICAS
Nos preguntamos ¿por qué la mayoría de
los estudiantes no rinden en matemática? Salazar (2012) plantea que son varias
las razones, entre ellas: se percibe como aburrida la matemática; el
conocimiento de esta disciplina se debe compartir solo con aquellos estudiantes
que tienen talento para aprenderla. Otra explicación es que se cree que la
matemática es poco lo que aporta para la vida diaria, por lo tanto, con las
operaciones básicas es suficiente. Además de lo anterior, la reticencia a la
matemática, según Hidalgo, Maroto y Palacios (2004) está definido, entre otros
factores, por el nivel educativo de los alumnos. En el primer ciclo el rechazo
a la matemática es menor. Más bien es una asignatura que prefieren los
estudiantes. En cambio, en los niveles educativos superiores el rechazo se
acrecienta. La apatía hacia la matemática es un problema que afecta a niños y
jóvenes trayendo como consecuencia el bajo rendimiento escolar (Hidalgo, Maroto
y Palacios, 2004). La ansiedad en clases y en especial en la de matemática está
en todos lados. Tomando en cuenta a los países de la Organización para el
Crecimiento y el Desarrollo Económico (OCDE), a la mitad de los niños de 15
años y más del 60% de las niñas les preocupa que vayan a encontrar sus clases
de matemáticas difíciles y que su rendimiento escolar será deficiente. Los
estudiantes de los países de la OCDE, aproximadamente un 33%, coinciden en
manifestar que se ponen tensos y nerviosos al resolver ejercicios de matemáticas
(Flores, González y Rodríguez, 2013).
Junto con lo anterior, Corica (2007)
expresa que los alumnos no tienen suficiente voluntad y capacidad de estudio y
trabajo escolar. Frente a las primeras dificultades desisten y abandonan la
tarea, solicitando la “salvación” del profesor. (Alejandro
Sepúlveda Obreque, 2016) .
Por otro lado y abordando las
famosas dificultades
de aprendizaje en matemáticas (DAM) o la famosa discalculia (Descubierta en la década de los 60),
definida como la dificultad para aprender matemáticas, esta constituye uno de
los principales problemas de aprendizaje que encontramos en nuestras escuelas.
Su prevalencia se ha estimado entre un 3% y un 13% de la población escolar,
dependiendo de los criterios empleados para su diagnóstico (Gross-Tsur, Manor y
Shalev, 1996; Fuchs et al., 2005; Lewis, Hitch, & Walker, 1994; Mazzocco
& Myers, 2003; McDermott, Goldberg, Watkins, Stanley, y Glutting, 2006). Se dice que esta aparece desde la adquisición de
las nociones básicas y principios numéricos y además que puede ser heredable de
padre a hijos.
El análisis de las
causas y factores subyacentes a las Dificultades de Aprendizaje en Matemáticas (DAM)
ha despertado en los últimos años un importante interés para la comunidad
investigadora. Entre los factores que se postulan como responsables de estas
DAM, se encuentran factores cognitivos como la memoria de trabajo, la habilidad
visoespacial, o la planificación. Pero además la contribución de factores
afectivos y motivacionales, como la ansiedad, el estilo atribucional, o las
actitudes, son contempladas igualmente como responsables del bajo rendimiento
en matemáticas de estos estudiantes. Sin embargo este tipo de dificultades se
centran casi exclusivamente en aspectos cognitivos y de rendimiento, y otorgan
una relevancia mínima a los elementos afectivo-motivacionales. (Mínguez, 2011) .
Aunque esta relación
entre elementos cognitivos y afectivo-motivacionales está presente no sólo en
los estudiantes con DAM, sino que se encuentra también en estudiantes con
rendimiento medio o alto (Hammouri, 2004), la influencia mutua entre procesos
cognitivos y afectivos se ve acrecentada en los alumnos con DA debido a la
amplia gama de problemas en el área afectiva que muchas veces manifiestan:
estilos atribucionales desadaptativos en los que explican sus éxitos aludiendo
a causas externas (suerte, facilidad tarea, etc.), y sus fracasos a factores
internos (ausencia de capacidad o esfuerzo), entrando en ciclos de indefensión
aprendida autoconcepto académico, caracterizado por una valoración más baja que
el resto de sus compañeros de su capacidad y habilidades escolares (Prout,
Marcal y Marcal, 1992); pérdida de motivación, orientación a metas de
rendimiento en mayor medida que a metas de aprendizaje, conducta motivada por
evitación de fracasos, en lugar de conseguir logros (Gonzalez-Pienda et al.,
2000); ansiedad hacia las matemáticas que afectan negativamente a la memoria de
trabajo (Passolunghi, 2011); e incluso problemas de depresión, llegando incluso
los datos epidemiológicos a indicar que las dificultades del aprendizaje están
presentes aproximadamente en la mitad de los casos de depresión en niños.
(Palladino, Poli, Masi, y Marcheschi, 2000).
Referente al tema de motivación
tocado en el párrafo anterior, hoy en día esta se presenta como una de las técnicas
más utilizadas para hacer frente a las dificultades de aprendizaje de las matemáticas,
donde debe romperse el circulo vicioso “falta de motivación implica fracaso
escolar, y a la vez, la sensación repetida de fracaso escolar lleva a una falta
de motivación”.
Lo que debe hacerse
es actuar desde la educación infantil para evitar que aparezca este patrón de
falta de motivación. Dicha actuación debe ser enfocada en dos direcciones:
a)
Asegurar
que el alumno realice un aprendizaje significativo y adquiera los conocimientos
previos necesarios para afrontar los nuevos conocimientos, con el fin de que no
sea el problema cognitivo la causa del problema motivacional.
b)
Incorporar
contenidos curriculares contenidos de actitudes, valores y normas, con el
objetivo de que el alumno tenga una actitud frente a los nuevos contenidos que
le permitirán adoptar un enfoque profundo.
Es conveniente, ya
desde la educación infantil, proponerse una acción preventiva que pase por
trabajar los siguientes contenidos referidos a actitudes:
1.- Interés en la utilización
del lenguaje y de los procedimientos matemáticos.
2.- Descubrimiento y valoración
del propio esfuerzo para llegar a resolver una situación matemática.
3.- Valoración del
propio trabajo con los siguientes objetivos referenciales para estos contenidos
de actitud:
3.1-Descubrir las aplicaciones de la matemática
en la realidad cotidiana (Participar de forma activa en las experiencias).
3.2-Ser conscientes de la dificultad que a
veces plantea la resolución matemática (Deleitarse con las propias conquistas
en la capacitación de soluciones matemáticas).
3.3-
Iniciar una valoración adecuada del resultado del propio trabajo.
Si el alumno tiene un
patrón motivacional positivo o negativo, su actitud hacia las actividades matemáticas
será diferente. Si el patrón es positivo, el alumno, frente a una dificultad
reaccionara analizándola, buscara una nueva estrategia, preguntara al profesor,
etc. Si el alumno presenta un patrón motivacional negativo, frente a una dificultad,
aumentara su ansiedad y angustia pensando que la causa de su dificultad es su
incapacidad y, por tanto, adoptara una actitud defensiva. Aunque no siempre la falta
de motivación está relacionada con cuestiones cognitivas, en muchos casos la
falta de motivación tiene relación directa con cuestiones afectivas e
inconscientes. (Font, 1994)
En otra vertiente la interpretación de las dificultades de aprendizaje en matemáticas se efectúa en el contexto de diferentes corrientes teóricas. Las ciencias cognitivas han sido y son una referencia recurrente en lo que respecta al análisis de las dificultades de aprendizaje, sobre todo, en el dominio de las matemáticas. Sin embargo, un análisis detallado muestra que las investigaciones realizadas por una gran parte de las corrientes cognitivistas se limitan al análisis de ciertos saberes, principalmente a los números naturales y sus operaciones, y se pretende posteriormente generalizar a la totalidad de las matemáticas algunas conclusiones referidas a estos objetos de aprendizaje.
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